Eso es lo que se conoce como premios a la incompetencia, costumbre demasiado extendida en nuestra geografía. (Nadie lo puede entender. Hasta que nos damos cuenta que cada día salen escándalos de corrupción relacionados con las contratas de servicios públicos, y empezamos a entender algo.) Bueno, a lo que vamos, que el ayuntamiento vigués ha dado 5 años más de negocio a Aqualia, a cambio de 20 millones, y los concejales impopulares han puesto el grito en el cielo, y con razón, diciendo que esos 20 kilos no los va a poner la Kopplowitz de su bolsillo, sino que Aqualia lo repercutirá en las tarifas, y al final serán los habitantes de la ciudad gallega los que paguen, como siempre. Y es que estos peperos cuando se lo proponen sueltan verdades como puños, oiga. Pero lo que no entendemos es su protesta, cuando esa es la dinámica habitual cada vez que se privatiza el agua, o que se adjudica de nuevo. Y ahí entran todos: socialdemócratas, populistas, nacionalistas, izquierdaunistas (como hicieron por ejemplo con el agua de Mazarrón, privatizada bajo su mandato). La jugada es así: Sacan a oferta un bien de primera necesidad, y se lo adjudican (chanchullos aparte) al mejor postor. La empresa ganadora entrega al ayuntamiento una cantidad que recibe el nombre de canon, a cambio del monopolio en el negocio. Y automáticamente, sube el recibo del agua para recuperar los millones adelantados en el canon de marras. Nos dejamos un detalle importante, que demuestra el buen hacer de los autoproclamados administradores de lo público:
Pues tenemos que dejar claro que la noticia nos cabrea, por la suerte de los vigueses, que ya estaban pagando el agua más cara de Galicia y les espera una nueva subida, y encima sufrir a Aqualia un lustro más.