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martes, 10 de abril de 2012

JULIA ROMERA YAÑEZ (Mazarrón 1916 - Barcelona 1941)




Julia Romera Yáñez, Juventudes Libertarias, Mazarrón, Sta Coloma, Anarquista, Catalunya, MurciaJulia Romera nace en el seno de una familia obrera y, además, en plena Guerra Europea. Una época realmente difícil de la historia de Mazarrón. Con anterioridad a esa fecha ya se dejaban sentir en el pueblo los primeros síntomas de una inminente y anunciada crisis económica. En un párrafo de El Heraldo de Mazarrón, del día 4 de abril de 1905, se decía:
...nadie, absolutamente nadie se interesa por nosotros y como perspectiva para el porvenir, contamos con la paralización de todos los negocios mineros, con la destrucción de los bolas de pesca por no haberse desviado oportunamente la rambla de las Moreras que los ciega e inunda de fangues minerales, y el esquilmamiento de los escasos campos de labor que aún se trabajan, por falta de agua de riego...
La única solución de subsistencia que le quedó a la población trabajadora de Mazarrón, al igual que la de otras localidades mineras murcianas como Águilas, Cartagena, La Unión, Lorca, etc., fue la emigración masiva hacia otras zonas más industrializadas en busca de ese futuro mejor, que no siempre encontraban.
José Berruezo Silvente, último alcalde de Santa Coloma durante la etapa republicana y pariente de Julia, en un párrafo de sus memorias nos refería así la situación en Mazarrón:
...cuando en junio de 1917 pude obtener el permiso de un mes en la mili para visitar a mis padres, entristecidos por la reciente muerte de mi hermano, ya mayor, encontré un pueblo completamente diferente y cuya juventud había sido barrida por un terrible complejo de circunstancias. La Guerra Europea (1914-1918) había liquidado la infraestructura de explotación de las minas y los obreros habían declarado la huelga general para oponerse a los despidos masivos...

En el otoñó de 1918, a la ya grave situación que atravesaba la clase trabajadora murciana, vino a sumarse una terrible epidemia de gripe. El día 15 de octubre de 1918 fallecía en su domicilio de la calle Argüelles, de Mazarrón, a los treinta años de edad, Francisco Romera Rodríguez, padre de Julia, a consecuencia de una neumonía gripal.

Así transcurrieron tres años hasta que finalmente en 1921, ante la pérdida de empleo por parte de varios miembros de la familia Romera-Rodríguez, ésta decidió emigrar a Santa Coloma, donde ya vivía desde hacía dos años una tía de Julia, llamada Mariana Romera Rodríguez, junto con su esposo Diego Berruezo Clemente y sus hijos. Así, se instalaron primero en la calle Ciudadela Alta. Posteriormente, habitaron una casa en el número 36 de la plaza de la Constitución. La Santa Coloma que conoció Julia a su llegada fue la de un pequeño pueblo, eminentemente agrícola, con una población que no alcanzaba todavía la cifra de 3.000 habitantes, pero que debido a la ola migratoria murciana de ese primer tercio de siglo en sólo diez años su población se situaría en torno a los 13.000 habitantes.
En el año 1930, Julia trabajaba en Pañolerías Baró, S.A. Con la llegada de la República, la CNT, que había permanecido en la clandestinidad a consecuencia de la dictadura de Primo de Rivera, volvió a reorganizarse y abrió un local en la esquina del actual paseo Lorenzo Serra con la avenida de Santa Coloma. Muchos trabajadores y trabajadoras de Pañolerías Baró, entre ellos Julia, se afiliaron al sindicato en esta segunda etapa de la organización obrera en Santa Coloma. Recordemos que la CNT se legalizó por primera vez en esta localidad a finales del año 1922.

LAS JUVENTUDES LIBERTARIAS DE SANTA COLOMA

Paralelamente a los sindicatos y con absoluta independencia actuaron las Juventudes Libertarias, que organizaron la Biblioteca, dieron charlas de orientación cultural y cursos de enseñanza gratuita a otros jóvenes que ya por su edad no podían asistir a la escuela; también realizaban excursiones y giras campestres, que tenían algunas veces carácter comarcal, reuniéndose entonces una enorme cantidad de gente joven.

Pensamos que en los años 1934-35 ingresó Julia en esta organización. Organizaban conferencias, excursiones, representaciones teatrales, etc. Distribuían la prensa confederal, editaban panfletos y gestionaban las actividades de la Biblioteca. También llegaron a editar una revista llamada Aurora Libre.
Las Juventudes Libertarias colaboraron con los maestros en la Escuela Racionalista que había instalado en la Casa del Pueblo,d ando clases nocturnas a jóvenes que ya no estaban en edad escolar y a adultos después de acabar su jornada laboral.
Julia Romera tuvo su participación más destacada en las Juventudes Libertarias a partir de julio de 1936, fecha en que él se alistó voluntariamente a la Columna Ortiz.
Los que se quedaron en Santa Coloma nombraron a Julia Romera secretaria general, cargo que alternó durante el período de guerra con el de tesorera, desarrollando en ambos una eficaz labor. A pesar de la diferencia de edad, la amistad entre Julia Romera y Joan Vicente se fue consolidando día a día. Nosotros pensamos, aunque él lo niega, que además de admiración Vicente sentía por Julia una atracción muy especial, algo así como un cierto amor platónico.

Una vez finalizada la guerra, Julia Romera comento con Joan Vicente la posible marcha al exilio en Francia. Según la revista Ágora, Julia pudo quedar con Vicente para marchar a Francia y como le fue imposible contactar con él, se quedó cuidando de su abuela y de tía, sin valorar suficientemente el riesgo que corría ya que ella había desarrollado una importante labor durante los tres años de guerra, no sólo como destacada militante de las Juventudes Libertarias, sino además ayudando a las familias que tenían problemas económicos por tener en el frente a las personas que aportaban el sustento de la casa.
El día 27 de enero de 1939, las tropas del Cuerpo de Ejército Marroquí ocupaban las calles de Santa Coloma, dando así comienzo a una brutal dictadura represora que duraría casi cuarenta años.

LA UJA: RESISTENCIA Y REPRESIÓN
nuestravidaloca.org

El día dos de junio, después de pasar tres interminables días a merced de la arbitrariedad de aquel grupo de hombres, Julia "quasi sense poder caminar, amb el ventre inflat per les lesiones que li havien provocat", fue trasladada al "Teatro Cervantes" de Badalona, donde había habilitado unas dependencias para servir de cárcel de mujeres. Este traslado se produjo para que la detenida prestara declaración ante el juez militar de esa localidad, acto que no tuvo lugar oficialmente hasta el día 31 de octubre del mismo año, según consta en el Sumario.

Julia pasó tres días en las dependencias de la Guardia Civil de Santa Coloma y varios más en la prisión de mujeres de Badalona instalada, en el "Teatro Cervantes". Probablemente, al cumplirse las 72 horas de su detención, por orden del juez militar, la inscribieron, a efectos legales, como presa preventiva de la Prisión Provincial, aunque ella se encontraba en otras dependencias.
Posteriormente Julia estaría en dicha prisión de mujeres de "Les Corts", como se la conocía entonces, hasta la celebración del Consejo de Guerra Sumarísimo y de Urgencia, que tuvo lugar en el Palacio de Justicia de Barcelona el día 2 de enero de 1940. Dos meses antes, concretamente en los primeros días del mes de noviembre del año anterior, todos los detenidos fueron llevados a los calabozos del Palacio de Justicia, pero en esa ocasión fue suspendido el juicio.
Para más información de la UJA consultar el libro de Gramanet del Besós de J. Márquez y J. Gallardo, Grupo de Historia José Berruezo.

EL CONSEJO DE GUERRA

La sección comenzó a primera hora de la mañana con el interrogatorio por parte del fiscal a algunos de los detenidos. A los veinte minutos de comenzar la vista entraron en la sala unos sanitarios escoltados por guardias civiles portando una camilla en la que llevaban a Antonio Fernández Vallet, un joven de 17 años encausado también en el proceso que se encontraba hospitalizado a consecuencia de una grave enfermedad.

Curiosamente el defensor de los procesados invirtió casi todo su tiempo en reprochar a los guardias civiles que detuvieron a los jóvenes su poca diligencia, porque consideraba que hubiese sido más positivo haber infiltrado algún agente en la UJA en lugar de detenerlos tan rápido. Con una defensa como esa no era de extrañar que la sentencia recogiera cinco penas de muerte, ocho penas de reclusión perpetua, dos penas de 20 años, cuatro penas de 15 años, dos penas de 6 años y tres absoluciones a los que no tenían todavía 16 años, aunque fueron puestos a disposición del Tribunal Tutelar de Menores.

La petición fiscal para Julia era de pena de muerte, siendo condenada por el Tribunal Militar a reclusión perpetua. La sentencia pronunciada el mismo día del juicio fue ratificada y declarada Firme y ejecutoria por el auditor de Guerra el día 7 de marzo de 1940.

LES CORTS: PRISIÓN Y MUERTE

Cuando Julia ingresó en prisión el centro penitenciario de "Les Corts" contaba con un censo de 1.400 reclusas. Ella compartió celda con Conxita Vives y la actriz Maruja Tomás, durante gran parte de su estancia en la cárcel. Compartían entre todas la poca comida que les traían sus familiares y amigos. Durante este tiempo recibió las visitas y el aliento de su tía Concepción y de su primo José. También la visitaron en alguna ocasión algunas amigas y amigos, entre ellos Joan Vicente, a su regreso de Francia a mediados de 1941.

En una de las cartas que escribe en la cárcel la reproducimos a continuación:
"Te quejas y tachas de excesivamente dura mi carta para contigo, quizás sea así, pero no te extrañe al así hablarte ya que tú ya sabes mi manera de ser y digo las cosas y las llamo al desnudo tal y como mi corazón me lo dicta, ya sé que mi manera de ser me costará sufrir y llevar muchos desengaños, pero que haremos soy así y nada ni nadie me podrá cambiar, soy una chiquilla que no tolero las hipocresías ni convencionalismos de la sociedad, eso es todo, pero en el fondo no soy mala.
A finales del verano de 1941, tras varios procesos febriles, el médico de la prisión le detectó el bacilo de Koch que le afectaba ya varios órganos vitales. Esta grave enfermedad, desarrollada a partir de las lesiones internas producidas por los golpes recibidos en los interrogatorios y durante su encarcelación, necesitaba para su curación de reposo, buena alimentación, administración de antibióticos y otros cuidados que, por supuesto, Julia no recibió. Fue ingresada en la enfermería de la cárcel cuando la gravedad de su mal era ya irreversible. Como indica Josep M. Solé, el 35'5% de las muertes producidas en las cárceles de Barcelona el diagnóstico era tuberculosis.
El sábado 6 de septiembre a las veintidós horas fallecía en esas mismas dependencias después de haber rehusado los "auxilios espirituales" que le ofrecía el sacerdote de la cárcel. Las compañera de Julia recaudaron entre todas las presas algo de dinero para que pudiera tener un entierro digno, como ella se merecía.

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